El certificado energético ¿un impuesto más?

Ya es oficial. A partir del próximo 1 de junio los propietarios que saquen una vivienda o local al mercado tendrán que presentar su certificado energético al comprador o al nuevo posible arrendatario. El pasado 13 de abril se publicó el Real Decreto por el que se aprueba el procedimiento básico para la certificación de la eficiencia energética de los edificios. ¿Qué supone esto para los ciudadanos?

Las opiniones no se han hecho esperar: “una sinvergüenzada, un impuesto más, otro invento como las ITV, una broma, otra chorizada, más exigencias,…” y lo que queráis añadir a la lista… siempre desde el respeto, por supuesto. 😉

A partir de ahora empezaremos a escuchar muchas maneras de rebatirlo pero, siendo rigurosos, lo cierto es que efectivamente es un impuesto, una imposición que se ha ido aplicando en Europa desde 2002 y que ahora, mal y tarde como siempre, se nos mete con calzador (fuera de plazo y con la correspondiente sanción de Bruselas). No se puede pedir que el ciudadano cargue con el peso económico que implican estas directrices medioambientales… y menos en la situación actual.

El Consejo de Ministros justifica esta medida con datos que todos conocemos, aunque sólo sea el concepto, pero que nunca dejan de darnos qué pensar:

“Las viviendas consumen en España el 17% de toda la energía del país y las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por los edificios han crecido más de un 20% desde 1990. El 38% de los españoles no está satisfecho con el aislamiento contra el calor y el frío de sus viviendas y el 42% también se declara insatisfecho con el aislamiento contra el ruido (encuesta CIS 2010). Más aún: cerca del 60% de las viviendas españolas han sido levantadas “sin ninguna normativa mínima de eficiencia energética” (la primera es de 1979).”

Todo esto es cierto y la certificación será una herramienta fundamental para conocer las emisiones concretas de nuestra casa y saber cuáles son los puntos donde sería prioritario intervenir para reducirlas con la menor inversión posible. Eso sí, esperamos que esto no se convierta en un argumento para tachar de “insolidarios con el medio ambiente” a quienes no pueden asumir este tipo de gastos. Cada uno debería tener la libertad de decidir qué parte toma en este asunto.

Afortunadamente, cada vez se ofrecen más ayudas a la rehabilitación energética y en muchos casos será necesaria la certificación para recibirlas pero no todos los usuarios que soliciten un certificado querrán o podrán acometer la reforma de su edificio. De hecho no será obligatorio. Tal vez deberían comenzarse estos incentivos desde la certificación, y no en el paso posterior. Como dicen los expertos y reclaman los ciudadanos, quizás esta medida hubiera tenido una mayor acogida si el certificado no se exigiese por decreto, sino que ofreciese desgravaciones fiscales o reducciones del IBI a las viviendas con mayores calificaciones.

Conviene aclarar que la certificación difícilmente beneficiará al vendedor (sólo se revalorizará su inmueble si saca una alta calificación, algo muy improbable). El certificado es una herramienta para saber cómo acometer una rehabilitación energética eficaz y dar una información valiosa para el comprador que necesite tomar una decisión bien estudiada sobre su compra conociendo su eficiencia, su confort térmico, la calidad de sus instalaciones y su habitabilidad. Por eso no tiene sentido que este gasto lo asuma precisamente quien no va a disfrutar del inmueble. Es posible que esta información extra termine repercutiendo en un ligero aumento en los precios de venta y alquiler.

¿Queréis comprar o alquilar una casa? En mimbrea no pararemos de daros la lata con que os asesoréis, valoréis, comparéis y recabéis toda la información posible sobre cualquier producto que penséis adquirir… ¿por qué no hacer lo mismo con vuestra futura vivienda?¿No os animaríais a comprar antes una casa si os dicen que la factura de la luz o el gas os va a costar la mitad? Hasta el momento eso sólo ha sido posible con los coches o los electrodomésticos, pero ahora contamos con una buena herramienta para conocer el gasto energético anual y las emisiones de CO2 que puede generar nuestra vivienda.

¿Queréis poner vuestra casa en venta o alquiler y el gobierno os exige emitir un certificado? Exigid vosotros que ese certificado sea de calidad y no dejéis que el técnico se vaya de vuestra casa sin haber extraído todos los datos necesarios. Aquí no hay lugar para la inventiva. Si se hace alguna estimación, debe estar perfectamente justificada. Es razonable y comprensible que busquéis el precio más ajustado pero, por favor, y por hacer que todo esto sea realmente útil y no sólo “un impuesto más”, interesaos por los resultados, pedid una copia del informe, comprobad paso por paso que todos los elementos de vuestra casa se han medido con rigor y se han interpretado correctamente, y exigid propuestas de mejora viables y razonables.

Una cosa está clara. No sabemos si esta normativa servirá o no para crear conciencia entre la población, pero sin duda alguna se ha conseguido que cada vez más técnicos se interesen y especialicen en eficiencia energética. Lo cierto es que, en general, sólo se ha tomado esto en serio cada vez que se ha impuesto una nueva ley de construcción con unas exigencias mínimas. Parece que sólo hacemos bien las cosas cuando se nos impone. Raras son las veces en que nace de la voluntad y la buena conciencia.

Imágenes:
Gaelx
John Steven Fernandez

 

Comentarios - 7

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  3. Yo creo que no vamos demasiado bien. Hablando con distintos propietarios de inmobiliarias, les da absolutamente igual el tema del certificado energético. De echo creen que el gobierno les utiliza para hacer algo que no engloba su objetivo de empresa, que no es otro que vender pisos. Hasta que no haya una fuerte campaña publicitaria dirigida a los futuros compradores e inquilinos, y éstos no exijan un certificado energético que se ajuste a la realidad (y no uno de los que ya se “venden” en internet por 90 €), el tema de la eficiencia energética únicamente será otro trámite más, … vacío de contenido.

  4. Pingback: Resumen de la semana – 19/04/2013 | mimbrea

  5. Mientras no tomemos conciencia y hagamos las cosas por obligación y no por convicción. Toda acción lógica será un pretexto para ser legislada y por ende rentabilizada por los gobiernos en forma de impuesto.
    Crear cultura de ahorro, de eficiencia, de realidad. Si el pueblo de momento solo entiende de ahorro económico ya que los servicios que ofrecen los ecosistemas y la naturaleza no los valoran económicamente y solo cuentan los recursos que ya escasean fruto del deterioro de esos servicios. Lo que quedaría sería incentivar al usuario mediante tarifas reducidas como premio a su “toma de conciencia” al emprender acciones tendientes a optimizar el uso los recursos y ayudar a mejorar los servicios que nos regala el planeta.

    • La clave está en encontrar el equilibrio entre incentivos e imposición… y ese es el verdadero problema. Como demuestra la experiencia, necesitamos un poquito de cada para asumir las acciones necesarias. Siempre terminaremos mirándonos el bolsillo y eso es algo natural aunque, como bien dices, esto pasa por un tema de convicción a todos los niveles. Pero bueno, se está empezando a conversar, así que tampoco iremos tan mal encaminados ¿no?