La energía en la historia de la arquitectura

A todos nos gustaría alcanzar el bienestar en nuestras casas conservando el máximo de recursos y el gastando el mínimo de energía. ¿Cómo se puede conseguir? En este rápido recorrido histórico os contaremos cómo, a lo largo de la historia, el ser humano ha aprovechado la energía y los recursos de su entorno de forma eficiente, muchas veces por motivos simbólicos y, casi siempre, por pura necesidad.

Construcciones primitivas: Habitabilidad básica

Con los primeros movimientos migratorios, el ser humano tuvo que ocupar nuevos territorios y zonas climáticas por lo que tuvo que desarrollar nuevas técnicas que garantizasen su supervivencia con las máximas condiciones de confort.

Con el descubrimiento del fuego el hombre se hizo independiente de las condiciones climáticas pero, paradójicamente, ahora dependía de un abastecimiento continuo de recursos. Se buscaban microclimas protegidos como las cavernas y empezaron a surgir las primeras construcciones primitivas.

  • Las tiendas nómadas del desierto se concebían para protegerse del sol, la lluvia y el viento con sistemas de apertura que permitían una ventilación adaptable.
  • La yurta de las tribus nómadas de Mongolia utilizaba los materiales de que disponía, se componía de un anillo central que dotaba a la vivienda de iluminación y ventilación y se cubría con pieles tan impermeables como transpirables.
  • El iglú, construido con el único material existente del entorno y el factor de forma ideal, protegía a sus habitantes del frío y del viento y utilizaba aperturas que permitían la entrada de luz y ventilación. El interior se aislaba con pieles, ramas y musgo.

Construcción tradicional: Distintas soluciones en distintos climas

Aunque parezca curioso que en continentes diferentes con climas similares se hayan alcanzado soluciones arquitectónicas muy parecidas, no es casual. Todas las culturas han optimizado sus construcciones hacia el máximo aprovechamiento de recursos.

  • En el frío clima de alta montaña se construían viviendas robustas frente a las adversidades, eficientes, independientes e integradas con el entorno.
  • El clima continental, con grandes oscilaciones térmicas, exigía la construcción de gruesos muros exteriores que absorbieran el calor o aislasen del frío extremo.
  • El clima marítimo, de entorno templado pero inviernos fríos y ventosos, dio lugar a edificios bien orientados que ofrecían la mínima resistencia al viento, utilizaban los materiales del entorno y, dada la densidad de las estructuras urbanas, requerían un equilibrio entre iluminación y aislamiento.

  • En el clima mediterráneo, más cercano al ideal, sólo era necesario protegerse del soleamiento creando interiores sombríos en edificios masivos de gran inercia térmica.
  • En el clima subtropical era necesaria una ventilación eficaz frente a los cálidos y húmedos veranos. Se recurría a aislamientos mejorados con tapial y bambú, y se creaban cámaras ventiladas y particiones dinámicas para crear espacios intermedios con el exterior.
  • Estas estrategias se llevaban al extremo en la selva, de excesivo calor y humedad, con edificios aerodinámicos, de grandes aleros frente al sol, y paredes delgadas y permeables para garantizar una buena ventilación.

  • La sabana, el clima ideal para el hombre, presenta unas exigencias mínimas para los edificios. Basta con unas paredes exteriores permeables sin mucho aislamiento.
  • En la estepa, por su proximidad al desierto, hay una gran necesidad de sombra y frescor por lo que se recurre a soluciones masivas y tecnologías ingeniosas para la ventilación, como las torres captadoras de viento en Pakistán.
  • En el desierto se recurre a la inercia térmica, construcciones con tierra y protecciones solares. Calles estrechas y edificios altos impiden la entrada del sol y las tormentas de arena.

De la Antigüedad a la Revolución Industrial

Paralelamente a esta construcción popular, siempre existió una arquitectura monumental con un fin ostentoso y espectacular. En toda esta arquitectura se recurría a la energía del sol para crear espacios agradables, grandiosos y estimulantes.

  • La antigua Grecia y su admirada arquitectura monumental aprovechaba los rayos solares en invierno y, en verano, utilizaba las columnas a modo de brise-soleil en el peristilo de sus templos y casas-patio.

  • En el Imperio Romano se crearon entornos monumentales en que el espacio, la sombra y la ventilación sintonizaron entre sí. Las termas y los sistemas de calefacción como el hipocausto fueron el inicio del desarrollo de sistemas activos de climatización.
  • La Edad Media estuvo fuertemente marcada por las distintas religiones. Mientras los cristianos utilizaban la luz celestial como símbolo para generar grandes efectos teatrales, en el mundo islámico recurrían a la sombra y la ventilación para emular las sensaciones de un paraíso en la Tierra.

 

  • El Renacimiento recuperó la logia y el atrio como pieza de unión entre arquitectura y naturaleza y acunó insólitos sistemas de refrigeración subterránea en las villas Costozza y Rotonda.
  • En el Barroco las fuentes de luz se escondían en un perturbador juego de luces y sombras que se conseguía mediante complejos sistemas de conducción de luz.

La era Post-Industrial

La Ilustración trajo un nuevo pensamiento racional que se expresaba por la entrada directa de la luz cenital y un orden estricto en los espacios interiores aislados del exterior. A esta idea siguieron los nuevos edificios, puramente funcionales, de eficiencia óptima en ventilación e iluminación natural.

La imaginación de los hombres se desató al descubrir que la luz del sol podía capturarse en invernaderos. Pronto podría prolongarse por muchos meses el agradable clima veraniego en grandes palacios de cristal.

Con el comienzo de la carrera energética aparecieron los primeros inventos para captar energía solar y, al comenzar el consumismo, empezaron a construirse grandes almacenes de vidrio que debían refrescarse con ventilación ascendente desde los sótanos.

El desarrollo de las eficientes estructuras de acero y hormigón armado permitió la aparición de los primeros rascacielos y las grandes fachadas acristaladas que, aunque permitían aprovechar el máximo de luz solar, sufrían de sobrecalentamiento en verano y enormes pérdidas de calor en invierno.

¿Qué ocurrió entonces? Más adelante publicaremos la segunda parte de este reportaje para entender cómo, poco a poco, nos fuimos haciendo conscientes de la limitación de los recursos y de las consecuencias de su explotación. Desde las primeras innovaciones del Movimiento Moderno hasta las últimas investigaciones en aprovechamiento energético y Arquitectura Bioclimática con conciencia medioambiental.

¿Qué hemos aprendido?

A lo largo de la historia, la arquitectura popular ha sabido adaptarse a las condiciones del entorno en busca del máximo aprovechamiento energético apoyándose en la experiencia y el sentido común. Esta tendencia se perdió en la Revolución Industrial a favor del progreso.

En contra de esto debemos aprender que el progreso mismo debería radicar en la propia conservación de los recursos y no considerarse como conceptos incompatibles.

La arquitectura tradicional nos ha enseñado que la mejor forma de preservar los recursos está en un aprovechamiento directo de las energías y materiales renovables. De esta forma podremos conseguir que el balance entre gastos y aportes sea positivo en todo el ciclo de vida de nuestros edificios.

Fuentes:
Sophia y Stefan Behling
F. Javier Neila

Imágenes:
John Hope
Dan Lundberg
F. Javier Neila
Marco Chiesa
Seier+Seier