La fachada vegetal y su ¿caro? mantenimiento

Las fachadas vegetales son una de las intervenciones más vistosas en el mundo de la sostenibilidad. Aportan muchos beneficios, entre los que pueden estar la minimización de las inundaciones, la integración y mimetización de edificios en zonas con vegetación o la eliminación de las sustancias nocivas del aire de las ciudades. En que quedan bien, la mayoría coincidimos, y en las dudas sobre lo costoso y difícil de su mantenimiento también.

En Abril de este año 2013, el diario El Correo se hacía eco de la polémica suscitada entorno a la intervención que se está realizando en el Palacio Europa de Álava. Una fachada verde será el elemento principal de esta intervención llevada a cabo con criterios sostenibles. Pero también es el elemento que más polémica ha suscitado y que más ha criticado el partido de la oposición. El mantenimiento, cifrado en 15.000 euros, supone un gasto excesivo a ojos de éstos, mientras que el concejal de urbanismo, Miguel Garnica, asegura que el ahorro en la factura eléctrica que se conseguirá una vez acabada la intervención será el mismo que el gasto en mantenimiento, por lo tanto saldrá a coste cero. Es decir, el dinero que se iba en electricidad ¿ahora se irá en el mantenimiento de la fachada? Mejor pagar por mantener un jardín vertical que por electricidad, está claro, ¿Pero no menoscaba la efectividad de esta intervención? ¿Entraría en la lista de edificios “ECO”, que al final no son tan sostenibles como prometían? O en términos más generales ¿Es independiente la sostenibilidad y la eficiencia de un edificio, de lo caro que pueda resultar su mantenimiento?

Por lo tanto a las fachadas verdes parece haberles salido un enemigo, su mantenimiento. En comparación con un jardín tradicional, el gasto en mantenimiento es obviamente mayor. Pero si hay limitaciones de espacio por medio, el “gasto” de superficie, en este caso es menor. Con esta última premisa se ha desarrollado un proyecto para el downtown de Toronto, una granja en el cielo con capacidad para alimentar a 50.000 personas al año. La siembra se realiza en un fachada inclinada unos 15º respecto a la vertical, en la que se puede plantar el equivalente a unos 24.000 m2  de campo de cultivo tradicional en una sola manzana de esta zona de la ciudad.

Con una fachada de este tipo se ha proyectado en Madrid el Museo de Arte, Arquitectura y Urbanismo, ideado y financiado por el arquitecto argentino Emilio Ambasz. En este caso el “varazo” se lo dan los arquitectos madrileños, que aún no estando en contra del diseño, sí lo están de las formas y emplazamiento de este proyecto. Sobre esta polémica escribieron en este artículo en Plataforma Arquitectura. No tiene nada que ver con el gasto en mantenimiento, pero es una intervención polémica en la que el muro vegetal es la estrella del proyecto.

Así que, como ecohabitantes, si este tipo de fachada es la opción que elegimos para nuestra vivienda, no sólo tenemos que preocuparnos por el precio de la instalación de este sistema, sino también por el precio estimado de su mantenimiento. Estoy seguro que entre nosotros hay muchas dudas al respecto; ¿Cómo se mantiene? ¿Quién y cómo lo poda? ¿Cómo se riega?. Sistemas hay infinidad, desde los más simples a los más complejos, y posiblemente con costes de mantenimiento diferentes entre ellos. ¿Y si a estos costes les ponemos un precio?

Imagen: sangatiche en flickr Licencia: CCby