¿Quién decide si un proyecto es “ECO”?

Hace una semana saltó a los medios especializados en arquitectura y urbanismo la noticia de que una promotora de Shanghai  había iniciado la construcción de un hotel de 5 estrellas en las paredes de una antigua cantera.

El proyecto es peculiar. Un edificio de 19 alturas, con 17 de ellas “hundidas” en una cantera de 100 metros de profundidad. El punto más bajo del edificio se encuentra sobre la balsa de agua que cubre por completo el fondo de la cantera. Pero sus peculiaridades van más allá de un diseño especialmente adaptado al terreno. Para la climatización de las habitaciones del hotel, se ha pensado en las corrientes frías de aire ascendente procedentes del lago en el fondo de la cantera. Además, el suministro de energía procederá de fuentes geotérmicas.

Estas características han sido suficientes para que los diseñadores del proyecto, el estudio Atkins, lo denominen como “Ecohotel”. Y es en este punto en el que se han centrado todos los comentarios y opiniones de las redes sociales en las que se ha compartido la noticia sobre singular proyecto. Del asombro por su estética futurística o del aprovechamiento de una trozo de terreno que en principio estaba destinado al olvido, no se ha hablado tanto como de la etiqueta “ECO” que los proyectistas le han brindado.

¿Un “ecoedificio” no tiene que cumplir una serie de requisitos para poder recibir dicha denominación?

Posiblemente no haya ningún organismo público en ningún país encargado de controlar que a un edificio o construcción se le denomine “ECO”. Poniéndole esta etiqueta, se nos hace sobreentender a los usuarios finales de la construcción, que ésta respeta el medio ambiente, que emplea con máxima eficencia los recursos y que obtiene la mayoría de la energía de fuentes renovables.

Ya hace unos años, en Dubai, el mismo estudio de arquitectos que ha planificado este complejo hotelero, proyectó uno de los rascacielos más altos del mundo, la Anara Tower. Este proyecto de rascacielos, cancelado en 2009, se caracterizaba por un gran aerogenerador que lo coronaba y del que se podía intuir, se obtenía la energía necesaria para abastecer al edificio. En realidad, el aerogenerador tenía como único fin el estético. Por su diseño no hubiera producido apenas energía eléctrica. El edificio no se llevó a cabo por otros motivos, pero posiblemente fue un toque de atención para todos aquellos que andaban siguiendo de cerca el desarrollo de proyectos eco-sostenibles, pues al parecer, en el mundo de las sostenibilidad no se puede juzgar el libro por su “fachada”.

A propósito de este tema, hace unos días me encuentro un artículo en Usatoday, fechado en Enero de 2013, en el que se cuestiona que edificios como The Palazzo de las Vegas, un hotel con decenas de piscinas, casino, lujos y excesos, haya obtenido la certificación LEED por lo sostenible de su diseño. Eso le supone al inmenso complejo de ocio un recorte anual en tasas de 2,4 millones de euros. Quien le ha otorgado esta certificación ha sido un organismo privado sin ánimo de lucro, The U.S. Green Building Council. No usar césped en los jardines (ya prohibido por la legislación local de Las Vegas) o la reserva de plazas de estacionamiento para coches que no utilizan combustibles fósiles, han sido puntos a favor para que The Palazzo consiguiera el nada desdeñable recorte.

Y viendo todo ésto, podríamos pensar que es demasiado fácil “ser verde” y que es un caramelo muy goloso para promotores ansiosos por vender. Este concepto o etiqueta, aplicado a muchos proyectos, comercialmente da un valor añadido al edificio, y ante ésto el usuario de la vivienda queda totalmente desprotegido. ¿Una vivienda unifamiliar de 1400 metros cuadrados puede considerarse sostenible si obtiene toda su energía de fuentes renovables? ¿o lo desproporcionado de su tamaño le arrebata automáticamente su mátiz “verde”?

Imagen: copyright de Atkins sacada de Dezeen

Comentarios - 9

  1. Pingback: Resumen de la semana – 12/07/2013 | mimbrea

  2. Hola, yo disiento con ambos. Pienso que el proceso de certificación debe ser lo más objetivo posible para evitar la confusión y el “greenwashing”.
    La norma es el consenso, es un acuerdo al que llegan los expertos y agentes implicados en la búsqueda de la seguridad, la eficiencia, la calidad y el bienestar social.
    El Organismo internacional ISO y en Europa el Comité de Normalización CEN establecen Comités Técnicos para el desarrollo normativo específicos en construcción.
    GBC España, organismo cuyo Director Técnico es el citado Bruno Sauer – no confundir con Spain Green Building Council – ha desarrollado una metodología y herramienta de evaluación para la
    certificación de la sostenibilidad en edificios, denominada VERDE
    Se trata de un instrumento de cálculo de los impactos generado por el edificio nuevo, existente o a rehabilitar a lo largo de su ciclo de vida. Este proceso es objetivo, ya que se basa en un consenso científico y externo. Es el trabajo realizado por
    los comités técnicos internacionales ISO, CEN y AENOR. En la actualidad están en desarrollo las Normas por los Comités CEN 350, ISO TC59/SC17, AEN/CTN 198, y VERDE va adaptándose para incluir todas sus novedades. La herramienta VERDE se basa en la normativa española, pensada desde el clima y contexto español, por lo tanto tiene sentido aplicarlo aquí.
    Saludos

    • Hola Alfonso, bienvenido y encantado de que disientas. Para eso estamos aquí, ¿verdad? 🙂
      Conocemos esa herramienta, VERDE, y en las entrevistas que enlazábamos Bruno Sauer la explica muy bien. Tener buenas herramientas para medir es imprescindible y ésa es muy útil para, dentro del contexto para el que está creada: la normativa española, explicitar las mejoras en materia de sostenibilidad que se aportan en un edificio concreto comparado con el edificio estándar que propone la normativa. Es muy interesante también que mida impactos porque nos hace ver la relación que tiene nuestro edifico con el entorno.

      Ahoooora 😉 dices que es objetivo, bueno, será todo lo objetivo que puede ser según esos consensos científicos que, como tú mismo explicas, van cambiando con el tiempo, no sólo con los avances científicos sino también sobre los consensos sociales sobre lo que es mejor. A veces, algún ecohabitante tendrá otra idea de lo que es mejor y, por tanto, otras prioridades en materia de sostenibilidad. Fíjate por ejemplo que el “clima español” es en sí mismo algo bastante cambiante, y aunque el CTE recoge ciertas variaciones, sabrás bien que no es lo mismo estar en la playa de Dénia que en un pueblo del interior que está sólo a 70 km. Las diferencias no son sólo climáticas sino también de accesos, recursos, materiales,… Por eso es tan importante lo que haces en ese comentario, explicar claramente cuáles son los criterios de esa certificación para que veamos si nos sirve.

      Por eso te invitamos a que colabores activamente en mimbrea si quieres ampliar alguna información, ya ves que nos gusta ver que hay muchas entradas al mundo de la sostenibilidad. ¡Anímate!

      Y para terminar una pregunta más, ¿estás de acuerdo, también con Sauer y Tomás Llavador según entendí, que cuantas más buenas herramientas mejor? Yo creo que es una manera de que se evalúen unas a otras y se hagan mejorar o explicitar sus puntos de partida y sus usos.

      Saludos!

      • Hola de nuevo,
        claro que estoy de acuerdo con vosotros en que es bueno que haya diversidad de herramientas y que las conozcamos al máximo. Esto hace que se complementen y que con el tiempo se mejoren en beneficio de todos, técnicos, usuarios y el entorno.
        Gracias por vuestro Blog.
        Saludos

  3. Buen artículo!! Y a la pregunta de quién decide si un edificio es “eco” creo que la respuesta es que cada usuario o comunidad debe decidir si el edificio se ajusta a sus ideas de sostenibilidad. Es así de inexacto pero a la vez maravilloso. Y por mi parte, creo que es deseable que así siga siendo.

    El caso del recorte de tasas en EEUU se debe a que el USGBC no es una asociación tan “independiente” como dejas ver. Es decir, que la certificación LEED surge del propio gobierno de EEUU, del Departamento de Energía, precisamente para poder manejar los incentivos a la edificación sostenible. A partir de ahí se ha expandido por otros países. Para entender todo esto es súper interesante la entrevista que hicimos a Tomás Llavador y Bruno Sauer (2ªparte también). En ella se explican los entresijos de muchas certificaciones y el interés que tienen para empresas, normalmente de bastante escala.

    Como digo, personalmente, y es la apuesta de mimbrea :), prefiero que el baremo sea más personal y que esté basado en las prioridades de cada comunidad. Y en realidad es lo que se deja ver tras esa entrevista. Sobre esto también hemos escrito.

    Y bueno, que estar ansioso por vender es bueno, no? La información (la buena) es la que permite al ecohabitante decidir si lo que le venden se alinea con sus valores y sus necesidades…

    Felices lecturas 😉

    • Gracias Ester por tus comentarios, por tus aclaraciones y enlaces a los artículos!!! 🙂 Muy interesante la entrevista a Jose María Tomás Llavador y Bruno Sauer, ha sido muy aclaratoria. Pero búscando un poco más sobre el tema me ha surgido una duda. Son diferentes organismos o asociaciones el Spain Green Building Council, y el Green Building Council España??
      Estoy de acuerdo contigo en que seamos el usuario quién decida sobre la sostenibilidad de un proyecto, y que medios como éste, faciliten y informen para tener los conocimientos para hacerlo. Pero con usuario desprotegido me refería al que no dispone de ésta información y puede caer en la trampa de un promotor que utiliza el concepto “verde” en su beneficio, sin ser su proyecto sostenible. Ansia por vender, a cualquier “precio” 😀
      Quería leer el artículo sobre los incentivos a la edificación sostenible, pero el link no dirije a ningún artículo, lo podrías reenlazar de nuevo? Gracias 😉
      Un saludo Ester!